Lembas
Pues vamos a empezar. Y vamos a empezar por el principio. Por las Lembas.
Las lembas, “pan de viaje” en Sindarin, son un alimento mágico. Se dice que una sola pieza de este pan puede alimentarte durante todo un día de pesados esfuerzos. Es el sustento que mantiene a Frodo y Sam durante lo más penoso de su viaje. Es tan maravilloso y mágico que sólo a las Reinas de los Elfos se dedican a su fabricación y entrega, pues la receta proviene de Melian (y, quizás, de Yavanna). El término "massánië, "dadora de pan", es un título que se le da a las más nobles de entre los Elfos. A lAs, porque es a las mujeres Elfo a las que compete la elaboración del pan, mientras que los hombres Elfo cocinan el resto (aparece así en "El Anillo de Morgoth", de la "Historia de la Tierra Media")
Podéis encontrar mucho más sobre el trigo valinoreano y las fabricantes de lembas en el libro de Carl F. Hostetter, “The Nature of the Middle Earth”.
Sobre
las connotaciones religiosas que tiene este pan maravilloso, que nutre cuerpo y
alma, lo dejaré mejor a otras plumas más duchas e interesadas en estos
temas.
Esta introducción y cuatro recetas más forman parte del artículo que la Comisión de Gastronomía y Ciencias Culinarias publicó en la Estel Nº 100 de la Sociedad Tolkien Española.
Y aquí mi receta. Las llamé "Quelilembas"
Esta receta es una mínima adaptación de la receta tradicional mallorquina de las galletes d’olí, galletes d’Inca o “quelitas” (el nombre comercial que le dio una familia de panaderos de Palma). Son una versión del hardtack y “galletas marineras” que formaban parte de las raciones de soldados y marinería durante muchos siglos. Estas galletas de aceite tienen una delicadeza y una textura incomparables. Mi receta es una adaptación de varias recetas publicadas en blog de cocina como “Cocinando con Catman”, “Las Recetas de Mamá”, “Velocidad Cuchara” y “Petit Chef”.
Ingredientes
100 ml de agua tibia (37º o 38º
Celsius)
50 ml de aceite de oliva (AOVE)
50 g de manteca de cerdo (se puede sustituir por 50 ml de aceite de oliva)
15 g de levadura fresca de
panadero o 1 sobrecito de levadura seca
275 g de harina de fuerza
Un pellizco de sal
Semillas de comino negro o ajenuz (nigella sativa, de venta en herbolarios) machacadas. Podéis guardar unas extra para adornar el pan y darle color.
PreparaciónDisolvemos la levadura en agua tibia y esperamos unos diez minutos. Empezará a hacer espuma. (Si no hace espuma es que se ha muerto o estás usando levadura química tipo Royal.) Se añade el aceite y la manteca y se mezcla. Quedarán grumitos de manteca.
Si vais a amasar a mano, mis
parabienes. Vais a echar un brazo de culturista impresionante. Tendréis que
hacer un volcán con la harina, sal y las semillas de nigella. Se amasa hasta
conseguir una masa elástica, que no se pegue en las manos, suave y homogénea.
Si usáis una amasadora, con el gancho de panadero, volcáis todo en el bol y amasáis a velocidad media durante unos diez minutos. Añadís entonces las semillas.
Una vez amasada, se forma una
bola y se tapa con film o un paño de cocina extralimpio (lavado sin
suavizante), y se deja que doble su volumen en una zona cálida de la cocina
(sobre el lavavajillas funcionando va fenomenal). Tardará unas dos horas.
Cuando ha subido, se la golpea contra la encimera para desgasificarla un poco y esperamos un poquito a que se “relaje”. La amasamos con un rodillo hasta que tenga la masa un grosor de algo menos de un centímetro. Quedarán gorditas. Entonces procedemos a darles forma.
La forma mallorquina de cortarlas
es formando pequeños redondeles, pero yo las he hecho en rectángulos grandes.
De cualquier manera, hay que pincharlas para que no suban en exceso. Podemos
aprovechar y hacer las divisiones diagonales que se ven en las películas, a
nuestro gusto.
Se colocan en una bandeja de horno, sobre una lámina de silicona o papel de
horno, y se hornean a horno suave (180º Celsius) , previamente precalentado. El
tiempo de horneado dependerá del tamaño de las galletas. Si son pequeñitas, 30
minutos. Más grandes, 45. Podéis retirarlas cuando tengan un color dorado
pálido o más tostadas.
Enfriar en una rejilla (la rejilla elevada permite que se enfríen mejor y que no se acumule vapor y humedad en la parte inferior) y guardar una vez están frías. Se conservan bien pero la experiencia dice que duran poco.



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